Los pueblos marcan los tiempos y escriben la historia

Jorge Rachid

En cada período de la historia, al analizarlo con la tranquilidad que nos da la distancia, se pueden observar los fenómenos que construyen los pueblos, en sus luchas por conservar la condición de tales y mantener su identidad.

En los últimos tiempos, hablamos de los aproximadamente escasos 300 años de la modernidad, desde el inicio de la revolución industrial, aquellos territorios colonizados en dichas circunstancias por los países imperiales, no pudieron diluir la condición de pueblos, es decir cultura, costumbres y destinos comunes de las comunidades ocupadas militarmente y administradas.

Siempre los pueblos emergieron a esas condiciones, algunos en forma violenta, en procesos revolucionarios dramáticos, otros lo hicieron pactando los retiros de los colonizadores, que lo hicieron en condiciones de tutoría tipo la Commonwealth, de sujeción económica a Gran Bretaña, algunos presionando en la posguerra mundial desde Naciones Unidas. Otros siguen aún en esa condición colonial, como nuestras Islas Malvinas, bajo los ingleses que tiene 13 colonias entre Paraísos Fiscales y militares, España Ceuta y Melilla, en las Antillas franceses, holandeses y británicos conviven y los Palestinos bajo colonización, impuesta por la fuerza israelí.

Entonces los pueblos y sus memorias son superiores a las formas administrativas del estado en cada instancia. Es que cada momento histórico refleja un proceso de relación de fuerzas imperante, que determina el accionar gubernamental.

Muchas veces procesos llamados democráticos son profundamente colonizados por esa relación de fuerzas internacional que puede expresarse y dominar a través de la economía, cooptando la soberanía del país en cuestión.

Otras veces la lluvia mediática sobre los pueblos, abre instancias de confusión por las falsas noticias, el ocultamiento, el linchamiento mediático, la persecución, en la medida que los medios dejan de ser de comunicación para transformarse en factores de poder que modelan el sentido común del imaginario colectivo.

En esas instancias es cuando el poder político popular enfrenta los dilemas de estos tiempos, entre dar respuestas tácticas a las necesidades del pueblos, accediendo a las demandas extorsivas de los organismos financieros internacionales, asociados a los medios hegemónicos o romper con la lógica supuestamente “ortodoxa”, convocando al pueblo a una épica transformadora hacia la inclusión, con justicia social y la solidaridad que sólo puede desplegarse desde la soberanía nacional.

En ese período estamos nosotros, como pueblo, en el camino de recuperar el protagonismo popular, en un gobierno que fortalece el Estado en función de los intereses de las mayorías, en ese equilibrio necesario entre los aspectos macro económicos, frente a las demandas sociales y productivas de construcción de un modelo biocéntrico, con los seres humanos y la naturaleza como eje.

Es cuando empiezan las preguntas que surgen del análisis: ¿puede la democracia actual, cooptada por los intereses concentrados económicos de los Fondos Buitres y los Mercados de Capitales dar una respuesta económica a las demandas populares?

En el mismo sentido debemos preguntarnos si esta situación democrática actual, puede prolongarse en el tiempo, con ex medios de comunicación, que terminaron siendo factores de poder empleando la falsa noticia, el linchamiento mediático y la persecución como ejercicio del periodismo, en función de sus intereses políticos y económicos

Pero avanzando en el cuestionamiento la pregunta es: ¿cuáles son los pequeños límites que un Estado construido al calor del neoliberalismo colonizador, con una Justicia monárquica que define políticas públicas y un Ejecutivo maniatado por servicios cartelizados, con lucro desmedido, mercantilizados y un Congreso sin brújula, pueda estar en condiciones de transformar esos aspectos, liberando su gestión, sin una Nueva Constitución?

Entonces la pregunta es, si en términos democráticos, con la consulta permanente al pueblo, podemos como argentinos incorporarnos a un concepto de Patria Grande, que nos permita avanzar socialmente, como lo hemos realizado en todas las áreas del conocimiento, la educación y la salud, que nos hace poseedores de tres premios Nobel de ciencias médicas y dos de la Paz

Claro que podemos, porque no somos un país subdesarrollado, ni emergente, ni periférico. Somos un país arrasado por diseños imperiales estratégicos y sus cohortes de cipayismo vernáculo, desde el fondo de la historia.

Pero seguimos siendo pueblo, con identidad nacional, con criterios solidarios de construcción política, con anhelos de una Patria-Matria, justa, libre y soberana, en una Comunidad Organizada, que le de sustento y continuidad en el tiempo, consolidando los ejes de esa conciencia americana, mestiza, morena, profunda que heredamos de la historia y que el peronismo consolidó desde hace 70 años.

JORGE RACHID

PRIMERO LA PATRIA